El otro cuadro del Musgo de Hermosilla. Lo increible es que gusta a un sector del público asistente a mis exposiciones, caseras.
En fin, insisto, me quedo con destruir para construir, con pintar para inventar, con no conformarse con lo creado y dar el siguiente paso.
Además, esto es acrílico, casi aborrecible por su debilidad y facilidad de pintura. Lo acabé con carboncillo y casi lo rompo por la rabia con la que pintaba sobre tal absurdez.
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