
En este caso, esta chica se sentó en frente y parece que quería posar. Yo saqué el cuaderno y dibujé. El resultado es un dibujo vibrante, con trazos que buscan el movimiento del metro y también, su cansancio.
Son momentos en los que se establece un diálogo entre el lápiz, el papel, la mano y la persona dibujada. Parece que todo se para, no hay ruido, sólo sensaciones.
Cuando acabas, en muchos casos no sabes muy bien lo que se ha dibujado hasta que cierras y días más tarde encuentras los trazos.
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